Los humedales del Iberá son testigos del experimento más grande de América del Sur para reintroducir especies perdidas, que va a cambiar la apariencia del estuario y dinamizar su economía.

Escondido en el refugio proporcionado por el prado, Jurumina está profundamente dormido, enroscado como manguera de bombero. Incluso su largo hocico de oso hormiguero parece hecho para la extinción de incendios. Pero nada parece molestarla en el Iberá, un paisaje de estuarios que a esta criatura le combina tan bien. Su conexión natural con este entorno de gran cantidad de aves, es una postal que, hasta hace poco, perteneció al reino de la memoria. Las especies de Jurumina habían sido eliminadas en esta tierra propensa a inundaciones, donde camalotes florecen con flores de color púrpura. Si Jurumina ahora puede acurrucarse a dormir y luego levantarse para alimentarse de termitas corriendo cerca, es porque ella es parte de un experimento ambicioso, el primero de su tipo en las Américas, organizado por un equipo de Argentina y científicos internacionales. Planean reunir todas las piezas del rompecabezas que la vida de este gran humedal representa: Se ha abandonado, fragmentado y, en muchos casos, deliberadamente destruidos.

 Sólo Sudáfrica ha llevado a cabo reintroducciones a gran escala de los animales. Lo que está ocurriendo en los humedales del Iberá es sentar un precedente en Argentina y muchos otros países. El término técnico es “rewilding ‘. En términos prácticos, esto significa dar al ambiente el regreso a sus funciones originales. En su rancho San Alonso, el biólogo Ignacio Jiménez explica que no se puede divorciar el paisaje desde sus habitantes vivos. Y afirma que en las mismas condiciones biofísicas, es decir, la disponibilidad de agua y el clima, el entorno se transforma de acuerdo a los habitantes que viven en el. En términos simples, la geografía de un lugar cambiará en función de si contiene o no jirafas. Y el paisaje del Iberá ha sido visiblemente empobrecidos por la ausencia de sus criaturas carismáticas. Su regreso va a generar más y mejores bosques y prados. Ambos tienen un papel clave, ya que secuestran carbono de la atmósfera (la causa principal del cambio climático): por un lado se absorbe, mientras que por otro, lo fija al suelo y l convierte en turba.

“El logro de un ecosistema totalmente funcional significa reintroducir grandes carnívoros y herbívoros. Vamos a traerlos de vuelta “, nos dice Jiménez. Él trabaja para la ONG Conservation Land Trust, creada por el filántropo estadounidense Douglas Tompkins.

El proyecto tiene un lema, “Corrientes vuelve un Ser Corrientes” o, traducido libremente, “la provincia de Corrientes volverá a ser lo que era.” La provincia ha sido cubierta con carteles con este lema, ya que es sin duda la sociedad en su conjunto la que se beneficiará de la restauración de su fauna. Los humedales del Iberá son hoy una meca para el ecoturismo debido a sus aves fabulosas, capibaras, caimanes y monos Cayara, entre otros animales.

“Si tenemos éxito, en 30 años toda esta zona estará llena de vida”, nos dice Jiménez emocionado. “El Iberá será el hogar de criaturas del bosque que pueden servir como una atracción turística. Es una oportunidad histórica para disminuir un real faltante. Contamos con una cantidad de especies pérdidas que no las podemos perder. Rewilding generará mejores números “.

Tobuna. El sol apenas ha emergido del horizonte cuando un grupo de campesinos está a la vista, conducen un tractor con un aire de triunfo. Su trabajo es continuar la construcción de corrales gigantescos que albergará una nueva generación de jaguares hasta que puedan ser puestos en libertad. Los corrales de San Alonso, el punto mas aislado de los humedales del Iberá, tienen el aspecto de una molécula química cuando se ve desde el aire, con sus cuatro jaulas interconectados, cada uno de 120 metros cuadrados. Dentro de ellos, dos hembras vivas (los primera en llegar se llama Tobuna, es magnífica) y dos machos. Una vez que las hembras esten embarazadas, se las trasladra a corrales más grandes – alrededor de 1,5 hectáreas – donde sus jovenes estarán fuera de la vista de los humanos. Ellos se quedarán para que aprender a cazar. Una vez que hayan alcanzado la madurez, serán separados de sus madres y se los transladaran a un corral mayor de gran tamaño, 30 hectáreas. Todo funciona bien en teoría. “Todavía tenemos que ver si la realidad se corresponde con nuestras ideas”, Jiménez admite.

Una de las primeras especies para volver a los humedales del Iberá fueron los osos hormigueros. Vienen de diferentes áreas, donde muchas personas locales los criaban junto a sus perros. Las chicas encuentran a los osos hormigueros como si fueran un bebé cariñoso y amoroso, pero estas criaturas no tienen oportunidad de sobrevivir en un entorno doméstico. “Por esta razón, es muy importante trabajar en conjunto con las comunidades locales”, dice la bióloga Alicia Delgado, jefa del Centro de Rescate en la zona del Riachuelo, donde son sometidos a una cuarentena obligatoria antes de su reubicación. “El oso hormiguero no es ni herbívoro ni carnívoro. Es un insectívoro. Cumple un papel específico en la cadena alimentaria, como devorador de insectos y como presa de animales más grandes “, dice la científica. El animal se extinguió en el Iberá, en la década de 1980. La competencia con los perros, la caza y la perdida del hábitat fueron los factores que sellaron su suerte.

Marina Aizen

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